Julián conducía con una calma que resultaba inquietante, como si el silencio dentro del auto lo alimentara.
El motor ronroneaba suavemente mientras los kilómetros se deshacían bajo las ruedas. Había tomado una salida secundaria, un desvío que la mayoría de la gente evitaba. La carretera que eligió estaba desierta, rodeada de árboles altos y maleza crecida. El cielo comenzaba a teñirse con los tonos anaranjados del atardecer.
Esa era una escena bella... si no hubiera estado tan cargada de tensión