Melissa conducía con las manos tensas sobre el volante, los ojos nublados por la furia y la humillación.
No había una sola lágrima en su rostro, pero el dolor estaba ahí, acumulado en su pecho como una tormenta a punto de estallar.
Su mundo, su matrimonio, sus lazos familiares… todo parecía derrumbarse. Y, sin embargo, mantenía el control, al menos en apariencia.
Julián la observó desde la entrada con una sonrisa torcida. Reconocía esa expresión. Había odio en su mirada, una rabia fría y conteni