De nuevo y con el desespero que ella siempre intentó contener, Carmen recibió los carnosos labios de Bastián, esos que parecían proveerle del oxígeno que le faltaba y la renovaba, esos mismos labios que siempre la provocaban, la seducían y la hacían derretirse extasiada.
Las lenguas de ambos compaginaban perfectamente, moviéndose rítmicamente mientras avanzaba el beso y sus cuerpos se iban acercando lentamente, juntándose cada vez más en el estrecho y oscuro asiento trasero del auto.
Carmen m