Ver a ese hombre llorando, aferrado a su cuerpo mientras suplicaba perdón, le partió el alma, la rabia, la indignación y el deseo de hacerlos pagar, por lo que ella pasó.
La ira de Carmen se fue disipando lentamente al tiempo que ella misma derramaba lágrimas.
Y antes de que ella misma se diera cuenta, Carmen se soltó del abrazo de Bastián, para agacharse a su lado, tomar con ambas manos su cara y besarlo en cada espacio que encontraba, labios, mejillas, nariz, ojos, cabello al tiempo que mus