— ¡Carolina! — La voz de Mercedes interrumpió la triste escena.
Carmen llorando indignada, Bastián preocupado por lo que ella pensaría de él y Carolina recostada en el balcón, sonriendo mientras contemplaba con satisfacción su creación: el dolor que les había causado a la pareja.
— ¡¿Cómo te atreves?! — Mercedes se acercó a su hija, soltándole una bofetada que le volteó la cara.
— Ma… Madre… — Balbuceó Carolina, atónita, sosteniéndose la ardiente mejilla.
— Te ordené nunca hablar de esto,