«¡Por Dios, ¿qué es esto?!», el corazón de Carmen latía desbocado, mientras los ojos se le llenaban de lágrimas, presa del terror, mientras que ella notaba como Marcus se quedaba impotente ante los invasores, viendo con rabia las armas que, desde diferentes puntos lo apuntaban a él y a sus hombres.
El sujeto que abrazaba a Carmen desde atrás comenzó a retroceder, arrastrándola junto a él, deteniéndose junto a un lujoso y oscuro automóvil sin placas que abrió su puerta trasera, Carmen fue lanza