Aun con el aire acondicionado del auto, encendido, la temperatura iba en aumento, las manos acariciaban, las lenguas de cada uno paseaban de un lado para el otro y ambos cuerpos se juntaban.
Con cautela Bastián deslizó una de las manos hasta las piernas de Carmen, para volverla a subir lentamente, llevándose con ella el borde de la falda, la tela fue subiendo exponiendo la piel.
Carmen apretó los hombros de Bastián con las uñas, sintiendo un estremecimiento recorrerle cuando percibió la punta