Entré en la habitación de mi abuela para mostrarle mi nueva guitarra. Estaba tan emocionada por el regalo de Noah que olvidé por completo la inflamación en mi labio, fruto del golpe que me había dado Laura.
Apenas me vio, la expresión de mi abuela cambió, su rostro se tensó con preocupación. Solo entonces, al ver su mirada, recordé el detalle que había ignorado por completo: el labio roto.
—¡Lucía, hija! ¿Qué te pasó en la boca? No me digas que fue Anastasia… Voy a tener que hablar seriamente co