Sentía tantas emociones en ese momento, pero no encontraba las palabras para definirlas. A través del espejo retrovisor, pude ver a Gabriel corriendo tras nuestro coche, intentando alcanzarnos. Esa imagen me derrumbó; se me llenaron los ojos de lágrimas y el llanto que había estado conteniendo comenzó a brotar, acompañado de sollozos. Aarón, que estaba a mi lado, fue testigo de mi dolor y, en un gesto de solidaridad, puso su mano sobre la mía y me abrazó.
Es extraño cómo funciona la vida a trav