DAKOTA
—¿Cómo es posible? —comencé a temblar como una hoja. La impresión de verlo aquí…
Vigiló hacia atrás, se inclinó rápidamente para darme un beso.
—No tengo mucho tiempo, preciosa—bajó la mano para acariciarme el vientre—, solo vine de visita…
—¿Por qué? ¿cómo? no lo entiendo…
—Ya habrá tiempo para hablar—sonrió cínico—¿vas a esperarme?
Seguía sin poder controlar mis temblores, uní mis manos para calmarme, yo no le temo a él…
—No tienes derecho a hacer esa pregunta—repliqué a la defensiva.