HOLLY
Dejé a un Adam hogareño en la cocina y subí a bañarme.
—¿Holly? —lo escuché llamarme poco después, ya estaba por terminar de ducharme.
—¿Si?
Desde aquí su voz sonaba confusa.
—Oh, estaba hablando solo—se quedó tras la puerta de baño— ¿quieres algo más? ¿una bebida?
Ugh, ¿por qué no entra?
Me aferré el albornoz y a propósito abrí mi escote, salí. Masticaba unas moras.
—Ah, que rico hueles—desvió la mirada y tragó—. Entonces, ¿Chocolate caliente?
Tomé aire.
—No, no quiero nada de eso—me ace