HOLLY
Después de aquella exhaustivita noche y mañana de gloriosos orgasmos, invité a Adam a salir al almuerzo.
Nos subimos al auto, yo manejé.
—Sabes, me siento un poco extraño.
Me puse en marcha, ladeé la cabeza.
—¿Por qué?
—Bueno, me cogiste y ahora me llevas a almorzar, es el sueño completo de cualquier hombre, ¿no lo crees?
Bufé.
—¿No puedes guardar un poco de tus comentarios pervertidos? —refunfuñé—, además ¿te consideras cualquier hombre?
—Si lo dices así me ofende—dijo dramático, puse lo