Mi teléfono está vibra que vibra, lo saco del bolso y es Edward el que me llama. Aunque no quiera que se entere, no tengo a nadie más a quien acudir, así que dejando mi vergüenza y orgullo a un lado le contesto.
—Preciosa acabo de terminar voy a buscarte… ¿Preciosa me escuchas?
—¿Puedes venir por mí a otro lugar, por favor?—el llanto no me dejaba pronunciar palabra.
—¿Qué ocurre? ¿Estás bien?
—Sí, pero por favor ven por mí. Te explico luego.
—Mándame tu ubicación y no te muevas de donde estás