¡Vivan los novios!
Gritan al unísono.
Edward me toma fuerte de la mano y me da seguridad, mucha gente a nuestro alrededor, nos felicitan nos abrazan al mismo tiempo que cientos de flashes se disparan ante nosotros, los reporteros no nos dejan vivir.
¡Dios qué apogeo!
Como podemos montamos solo nosotros en la limusina y mi amor me besa, me abraza, me hace saber que está feliz al igual que yo.
—Al fin eres mi esposa, ya no podrás escapar de mí.
—Y tú no te podrás librar de mí. ¡Dios cuánto te