Mi fin de semana junto a Edward fue maravilloso. Compartimos mucho, nos conocimos un poco más y no paramos de explorar nuestros cuerpos, es increíble todo lo que me hace sentir ese hombre con su boca, sus manos y su cuerpo. Me excito de solo pensar en él.
Es que hasta su nombre es morboso...
«¡Edward, Edward, Edward...!»
Me pone como una moto recordar todo lo que hemos hecho.
La realidad me golpea, aquí estoy atendiendo paciente tras paciente. Edward es muy profesional, ni siquiera voltea