Cuando salgo horas después con un collarín en el cuello, un chichón en la frente y con el cuerpo doliendome. Me sorprendo al ver a la familia Collins en el área de espera, están todos, mis cuñados, mis locas amigas que respiran cuando ven que estoy bien, mis suegros, mi amor.
Edward es el primero en llegar a mi, me abraza con delicadeza y me hace saber su angustia y lo asustado que está. No dice nada solo me abraza, sé qué está nervioso así que le digo para tranquilizarlo:
—Estoy bien, cariño.