Edward me deja en el suelo, agarra la copa de champaña y se sienta en la orilla de la cama, le da un trago a la misma y con su voz extremadamente ronca me dice:
—Aún no es momento preciosa. Primero quiero que me calientes.
Pestañeo varias veces ante lo que me dice de repente siento la boca seca, yo también le doy un trago a mi copa y sonrío nerviosa.
«¡Esto va en serio...! ¿¡En qué lío me metí con este hombre!?».
—Sabes hacerlo, te he enseñado. Quiero que lo hagas tu sola ahora, déjate llevar.