La puerta se cerró con un susurro mecánico, como si el propio edificio respirara.
Abril giró de inmediato, su cuerpo entró en alerta. Pero no era un guardia. Ni un científico. Ni alguien que esperara ver allí, en la parte más profunda y secreta del imperio Wessex.
Era ella.
Valeria Stern.
La Dra. Stern. El prodigio de Harvard. Cofundadora silenciosa del proyecto y colega de Leonard. Ojos grises como hielo, piel de porcelana, labios pintados con la precisión de una cirujana. El cabello recogido