Abril, aún de pie, giró hacia la cama.
Algo había cambiado. Los párpados de Leonard se agitaron. Como si sus ojos no supieran si querían ver el mundo otra vez. Y luego, sin dramatismo, sin música de fondo, despertó.
Los ojos grises, profundos como una herida antigua, se abrieron lentamente. Y encontraron a ella. A centímetros de su rostro.
De pie, sola en la habitación, mirándolo como si fuera un fantasma que no sabe si debe temerle o abrazarlo.
—Leonard —susurró, con la voz rota, como si esa s