El sábado llegó con una luz pálida que se filtraba entre las nubes bajas sobre Madrid, como si la ciudad misma dudara en recibir de vuelta a quienes habían estado demasiado cerca del abismo. Valeria observaba por la ventanilla del coche blindado cómo los edificios familiares desfilaban en una procesión silenciosa, cada fachada un recordatorio de la vida que había dejado en suspenso cuatro días atrás.
Cuatro días desde que Vincenzo había escapado.
Cuatro días desde que el desierto marroquí se hab