La seguridad de la residencia había sido reforzada hasta niveles que rayaban en lo militar. Cámaras térmicas en cada rincón, sensores de movimiento conectados a una central que monitoreaba Viktor las veinticuatro horas, y un perímetro de vigilancia que abarcaba tres kilómetros a la redonda. Pero Franco Delacroix había demostrado una y otra vez que las medidas de seguridad eran simplemente obstáculos que disfrutaba superar.
Valeria despertó con la sensación de que algo había cambiado en el aire d