El frío del Centro de Detención de Blackwood no era solo climático; era una entidad viva que se filtraba por los poros y se instalaba en los huesos. Katie Moore, ahora identificada únicamente como la interna 7402, caminaba por el pasillo de baldosas grises escoltada por dos guardias cuya humanidad parecía haberse evaporado hace décadas. Sus manos, que antes sostenían al heredero de un imperio, ahora estaban esposadas por delante, una humillación constante que le recordaba el precio de su sacrif