Las paredes de la prisión de máxima seguridad de Blackgate no estaban hechas para contener a un hombre como Leonard Sinclair; estaban hechas para darle un nuevo tablero que conquistar. Tras el arresto en el hangar de París y su extradición inmediata bajo cargos federales, el "Diablo de Manhattan" fue despojado de sus trajes de sastre y su bastón de mando. Sin embargo, lo que los federales no entendieron es que Leonard no necesitaba sus lujos para imponer su voluntad. El poder no estaba en sus c