A la mañana siguiente, el ambiente en la mansión principal de Romano se respiraba mucho más tenso que en los días anteriores. Aunque durante la noche no había surgido ninguna nueva amenaza, todos podían percibir que algo había cambiado. La guerra que hasta entonces se había librado entre bastidores empezaba poco a poco a salir a la luz. Y ya nadie se sentía realmente a salvo.
Dante estaba de pie justo delante de la ventana de su despacho, contemplando el jardín trasero de la mansión. La taza de