Nadie se atrevía a moverse ni a hablar. La habitación parecía haberse congelado cuando la primera frase del contenido de la carta de María apareció en la pantalla del portátil. Dante estaba de pie frente a la mesa, con ambas manos apoyadas en ella. No apartaba la mirada ni un instante de la pantalla. A su lado, Alejandro parecía más tenso que nadie.
Antonio, por su parte, cruzó los brazos sobre el pecho. Y Lalita optó por permanecer de pie en silencio. Como si una parte de ella ya supiera perfe