A la mañana siguiente, llovía sobre la ciudad de Milán. Un cielo gris cubría la ciudad, lo que hacía que el ambiente en la mansión principal de los Romano resultara mucho más sombrío de lo habitual. En su despacho privado, Dante estaba de pie frente a la ventana, contemplando las gotas de agua que mojaban el cristal. Dante apenas había dormido en toda la noche.
No era por la amenaza de Beatriz. No era solo por la guerra que se estaba librando. Sino por el contenido de la carta de María. Cuanto