Cuando Dante, Antonio y Alejandro regresaron a la mansión principal de los Romano aquella noche, el ambiente cambió de inmediato. Los tres no tuvieron que dar ninguna explicación. La expresión de Dante bastaba por sí sola para decirlo todo. Serafina, que estaba sentada en el salón, se puso de pie en cuanto vio entrar a su marido.
“¿Dante?”
El hombre se dirigió directamente hacia Serafina y la abrazó con mucha fuerza. Como para asegurarse de que aquella mujer seguía realmente ante él. De que Ser