Aquella mañana, la mansión principal de los Romano parecía tranquila desde fuera. El sol brillaba sobre los cuidados jardines. El personal realizaba sus tareas como de costumbre. Los guardias patrullaban los alrededores de la mansión sin mostrar signos de pánico.
Sin embargo, tras toda esa calma, todos los que formaban parte del círculo íntimo de la familia Romano sabían una cosa. Que la guerra había comenzado. Y esta vez, no terminaría hasta que una de las partes cayera definitivamente.
Dante