El amanecer llegó envuelto en un silencio extraño, como si la ciudad misma contuviera la respiración. Emilia abrió los ojos lentamente; su cabeza aún estaba apoyada sobre el pecho de Lucas. Él dormía plácido, con un brazo firme alrededor de su cintura, como si incluso en sueños quisiera asegurar que ella estuviera protegida.
Ella sonrió, acariciando suavemente su rostro.
A pesar de los celos que el nuevo colega había despertado, Lucas se había comportado con un amor tan maduro y genuino que a E