La ciudad parecía respirar con normalidad, como si nada fuera a romper la rutina. Pero bajo esa calma había un latido oculto que apenas unos pocos escuchaban: el tic tac de un reloj que marcaba la cuenta regresiva hasta el choque final. Hugo lo sabía; Ercik y Suji también. Creían estar a punto de dar el golpe perfecto. Lo que no sabían era que, por primera vez, la pieza que habían querido quebrar —Emilia— y la mujer que la había protegido desde la sombras a Emilia —Sofía—, ya habían jugado sus