El sol de la tarde se filtraba a través de las cortinas de lino, bañando la mansion Tobeck con una calidez tranquila. En la pergola de la mansion, Lucas sostenía a Ezequiel sobre sus hombros, mientras el pequeño reía a carcajadas al ver cómo su padre fingía ser un caballo indomable que trotaba sin control.
—¡Papá, más rápido! —gritaba el niño, con su pelo revuelto y la sonrisa que había heredado de Emilia.
Ella los observaba desde la puerta, con una mano apoyada en su vientre redondeado. Sentí