La celebración se había extendido hasta la madrugada, pero cuando las luces del salón se apagaron y los invitados se despidieron entre abrazos y risas, Lucas tomó de la mano a Emilia y la condujo hacia la suite nupcial.
El silencio del pasillo contrastaba con la algarabía de la fiesta, y cada paso resonaba como un preludio íntimo. Emilia, con el vestido aún resplandeciente, sentía que el corazón le latía a un ritmo frenético. Lucas, con la chaqueta desabrochada y la mirada encendida, no apartab