El olor a combustible y metal oxidado impregnaba el aire del hangar. Lucas despertó con un dolor punzante en la nuca y las muñecas atadas a la espalda en una silla de madera. Las luces de neón parpadeaban, revelando un espacio enorme, lleno de cajas apiladas, olor a humedad y sombras en movimiento. El eco de pasos le confirmó lo que ya intuía: no estaba solo.
—Por fin despiertas —dijo una voz femenina, con frialdad. Rafaela Brock emergió de entre las sombras, impecable incluso en aquel escenari