El amanecer sobre la ciudad no tenía la calma de una reconciliación, sino la presión de un nuevo comienzo. Emilia despertó antes que Lucas. Lo observó dormido, la respiración tranquila, pero con el ceño todavía fruncido, como si los sueños también guardaran la desconfianza.
Debo demostrarlo, pensó. No con palabras, sino con trabajo.
Cuando él abrió los ojos, ella ya estaba de pie, recogiendo sus cosas.
—Voy a la agencia temprano —dijo, en un tono suave—. Quiero coordinar con Sofía el seguimien