El restaurante elegido por Emilia era pequeño, elegante, con ventanales que dejaban ver la lluvia suave que caía sobre la ciudad. La mesa para tres estaba preparada en un rincón discreto. Sofía llegó primero, el cabello aún húmedo por la llovizna, con esa energía tranquila de quien sabe que hizo lo correcto.
—No debías invitarme, Emi —dijo, quitándose el abrigo—. Solo hice mi trabajo.
—Salvaste más que una empresa —respondió Emilia con una sonrisa agradecida—. Nos salvaste a todos.
Lucas aparec