El silencio en el despacho de cristal se volvió casi insoportable. Lucas continuaba de pie, con la carpeta de pruebas en la mano, la mirada fija en los datos como si quisiera quemarlos con los ojos. Emilia, aún temblando, reunió el valor para romper esa quietud.
—Lucas —dijo con voz firme, aunque el corazón le latía a destiempo—. No tenemos que enfrentarnos a esto solos. Tengo a alguien en quien puedo confiar… mi mejor amiga. Se llama Sofía Klein. Trabaja en la Policía de Investigaciones, en la