La noche había llegado sin estruendo, como si supiera que no debía interrumpir. Afuera, la ciudad seguía con su rutina ajena, pero dentro del pequeño departamento de Valentina el tiempo parecía haberse desacelerado, suspendido en una calma casi sagrada.
Ezequiel cerró la puerta con cuidado, como si un ruido demasiado fuerte pudiera romper ese instante. Venía cansado. No solo del día, sino de semanas enteras cargando expectativas, exámenes exigentes, evaluaciones constantes y la presión invisibl