La casa estaba en silencio, pero no era un silencio vacío.
Era un silencio lleno de historia.
Emilia abrió los ojos lentamente, como si el cuerpo supiera que no había prisa. La luz de la mañana entraba filtrada por las cortinas, tibia, suave, acariciando las paredes que habían sido testigos de tantas noches de desvelo, risas infantiles, discusiones y reconciliaciones. Por un instante no recordó dónde estaba… hasta que sintió una mirada fija sobre ella.
Lucas. Estaba despierto, recostado de lado