La tarde caía lenta sobre la casa Thoberck, bañando el living con una luz ámbar suave que entraba por los ventanales. La mesa del comedor estaba despejada, pero el centro del espacio lo ocupaba una gran mesa baja, cubierta de juegos de mesa: cartas, fichas, dados y un tablero de madera que Lucas había sacado con entusiasmo.
—Esta noche es oficial —dijo Lucas, frotándose las manos—. Juegos, cena y risas. Nada de teléfonos.
—Eso lo dices siempre —respondió Emilia con una sonrisa cómplice, mientra