El fin de semana llegó sin avisos ni alarmas, como esos regalos silenciosos que solo se entienden cuando la vida ya enseñó a correr. La casa Thoberck estaba llena de una calma distinta, no la de los comienzos, sino la de quienes aprendieron a sobrevivir juntos.
Emilia cerró la puerta con cuidado al entrar. Llevaba el abrigo colgado del brazo, la mente todavía marcada por la semana en la PDI, pero el cuerpo ansiando volver a casa. Lucas la esperaba en el living, sin traje, sin llamadas, sin pant