El error de los padres de Emilia no fue hablar.
Fue creerse más inteligentes que el silencio.
Me enteré por Sofía.
—Emi —dijo apenas contesté—, ¿estás sentada?
Nunca es buena señal.
—Tus padres dieron una entrevista esta mañana. Canal abierto. Horario matinal.
Cerré los ojos.
—¿Qué dijeron?
—Demasiado.
La vi completa. No parpadeé ni una vez.
Ahí estaban. Bien vestidos. Ensayados. Con lágrimas que aparecían y desaparecían según la cámara se acercaba.
—Nuestra hija nos dio la espalda —decía ella—