POV: Franco
El silencio no existía. Lo había creído una herramienta de la Duda, pero al deslizarse la pesada bóveda de acero, fui golpeado por dos sonidos opuestos que conformaban la única Verdad que quedaba: la calma absoluta de la Cripta y el rugido sordo y lejano de las explosiones de C4, el aullido de mi hermano, la Sangre que se batía en la fachada.
Estábamos en la Raíz, el lugar donde se gestaba la podredumbre.
Mis ojos, entrenados para el combate nocturno, se fijaron en la figura sentada