POV: Franco
El rugido de la Sangre era ensordecedor.
Salimos de la Cripta a la carrera. La bóveda de acero, ese monumento a la paranoia de mi padre, se deslizó sobre sus carriles con un gemido final, cerrándose y silenciando el último y desesperado grito del Dueño Ausente. Lo habíamos dejado inmovilizado, condenado a la Custodia Eterna de su propio trono de piedra, una ejecución arquitectónica y simbólica.
Pero la victoria no sabía a nada. Solo a pólvora y a la adrenalina cruda que bombeaba por mis venas.
—¡Subir! —ordenó Helena, su voz firme a través de la máscara, cortando el caos. Ella ya no era solo la Duda; con la Gema del Legado en su bolsillo, era la Arquitecta de la Nueva Ley.
Giulietta Moretti, la Matriarca, avanzaba junto a mí. A pesar de haber sido prisionera durante años, su dignidad era inquebrantable. Sus ojos de hielo reflejaban el humo que empezaba a invadir el corredor de servicio. Yo era su Escudo, mi propósito renovado.
—Franco, la escalera principal está comprometi