POV: Helena
El silencio después de la posesión no era paz; era el vacío gravitacional que sigue al colapso de una estrella. Y en ese vacío, yo era el único punto fijo.
Franco dormía a mi lado, su cuerpo, normalmente un bloque de piedra controlada, estaba relajado, vulnerable. Llevaba las cicatrices de veinte años de guerra y, ahora, las cicatrices de la verdad. Había usado mi cuerpo y mi boca no para el placer banal, sino para ejecutar un acto de purificación. Había quemado el recuerdo de Dante