POV: Franco
El Gulfstream G650 privado era un sarcófago de lujo. Volábamos sobre la oscuridad total, solo el inmenso cielo del Mar Negro nos separaba del amanecer sobre Georgia. El lujo de la cabina, el cuero y la madera pulida, contrastaban con la carga que custodiaba en mi regazo: la urna de cristal con los restos de mi madre.
La urna era el eslabón perdido de mi vida, la prueba final de que mi existencia como Dueño de la Ley se había construido sobre una mentira podrida. Mi padre, el Dueño Ausente, no solo había fingido la muerte de Elisa, sino que había asesinado a su propia esposa, a mi madre, para cimentar mi trono en la culpa.
Apreté el Mapa del Legado, el pergamino de piel que Helena había recuperado, con mi mano herida. La sangre, la mía y la de Dante, había sellado el acuerdo, la obligación. Ahora, el Tridente viajaba como un solo cuerpo, un arma cargada de veneno y pólvora.
Dante estaba sentado al otro lado de la cabina principal, con Elisa a su lado. El Dueño de la Sangre