John.
Miré por milésima vez el reloj golgante de la pared, y luego a Elizabeth, quien trataba de ligar en mis narices con el médico de turno.
Sonreí para mis adentros. Por suerte mi hermana tenía todo el tiempo del mundo para buscar ser feliz con alguien; parecía tener clara mi voluntad, le hice saber que nada me haría estar más en paz conmigo mismo que ver a quienes quiero seguir con sus vidas, después de todo, dejar todo por duelo no me haría regresar.
─John ─se me acercó Elizabeth ─, voy por