Miré el reloj de mesa, con el pecho oprimido y la respiración entrecortada me senté sobre el edredón que recubría la cama de hotel. ─Apenas es media tarde.─pensé, cayendo en cuenta que acababa de sufrir una pesadilla. Tratando de estabilizarme, estiré los brazos y caminé hacia el balcón estrecho de la habitación. Honestamente, con los líos que traía no pude disfrutar mucho de la vista y el atardecer, solo tenía cabeza para rememorar la reunión de por la mañana y la conversación profunda con mi p
La Petrova
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Pregunta seria, ¿volverían a leer la historia?