Nunca me sentí tan fuera de lugar, como en ese momento en el que tuve que presenciar la escena de mi madre dándole indicaciones a su hijastra de cómo tenía que ubicar a las mujeres para la tirada del ramo.
Me empiné la sexta copa de champaña con demasiado dolor agolpando mi pecho. Suavicé los gestos al notar de reojo que mi padre me observaba.
─Ve con ellas, atrapa ese ramo ─me animó él, e impidió que fuera por una séptima copa ─. Anda con el resto. La champaña no se va a acabar para cuando reg