Esa mañana me abrigó aquella sensación asfixiante de ansiedad. Miré por enésima ambos extremos de la calle, y pensé que tal vez el taxi en el que se transportaba mi padre pudo averiarse. Era medio día, se suponía que pasaría al campus por mí justo a esa hora.
─ ¿Entonces vuelves a tu ciudad? ─preguntó Henry.
─Será por un par de días ─respondí sin hacer mucho honor a la conversación. Observé reloj de pulso. Era casi la una.
Para. Seguro el tráfico es un asco.
─ ¿Irás por aquel sujeto?
─Se llama