Capítulo 73. Ansiedad
Eva volvió de sus compras, llegó cargando una caja de pizza todavía tibia, y el aroma a queso derretido invadió la entrada justo cuando el vecino también se acercaba con las llaves en la mano.
Se miraron con una sonrisa, y casi de inmediato Eva, con esa facilidad suya para romper formalidades, lo invitó a pasar.
—Anda, acompáñanos, no vamos a comernos todo esto solas —dijo, levantando la caja como si fuera una ofrenda.
El hombre dudó un instante, pero terminó aceptando. Entre la pizza y una